Me encanta la sensación que me hace sentir el frio viento del invierno golpeando mi cara cuando camino sola por la noche durante media hora sin parar por una línea recta cuyas pocas farolas se hayan fundidas quien sabe porqué. Simplemente no me paro a pensar en ello, me pongo los cascos, abro el menú del móvil, busco multimedia y a continuación le doy a reproducción aleatoria de canciones y me sumerjo en las letras sin miedo a andar sola sin ningún tipo de iluminación, sin pensar que ando por una larga carretera que a ambos lados tiene campo, un campo que parece ser interminable, sin importarme lo más mínimo que pueda aparecer alguien con la intención cogerme en silencio y llevarme a quien sabe dónde.
Son ganas de estar sola, ganas de que la única canción que consigue sacarme una sonrisa no acabe nunca, lo curioso es que esa canción es en inglés y yo ni siquiera me he molestado en buscar la letra y quizá si lo hago no me aporte nada, pero es el ritmo el que incita a seguir adelante, el que me motiva y me hace sonreír a pesar de todo lo que ocupa mi cabeza. Son ganas de que ese oscuro camino no termine nunca, de no llegar a mi casa, de no tener más remedio que llegar, ponerle la correa al perro y volver a salir para elegir un nuevo camino oscuro tal vez aún más peligroso que el anterior, solo que ahora tengo compañía y quizá se trate de la mejor compañía que pudiera tener porque me escucha y no me juzga, nunca hablará de mi a la espalda y su silencio me reconforta.
Saber que tu corazón tiene gripe, sentir que estás mal pero no querer reconocerlo, obligarte a ti misma a pensar “tampoco es para tanto” pero en el fondo saber que no es exactamente así, pesarte cada mañana al levantarte y ver que cada vez eres menos pero te miras al espejo y no ves cambio alguno, te desconciertas. Vuelves a tu rutina, ahora un poco cambiada, y descubres que no te gusta, que has estado perdiendo tiempo con personas que creías que eran buenas y ahora ya no lo son tanto, pero ¿qué hacer?, ¿cómo cambiar el pasado?, ¿Cómo arreglar lo que algún día rompiste? Pero luego recapacitas y piensas que has cambiado, que llevas muchísimo tiempo cambiada y que una vez leíste en algún sitio que las personas cambian por dos razones: han aprendido demasiado o han sufrido lo suficiente y no sabes por que razón decidirte, no sabes cuál es la tuya y después de pensar largo y tendido decides quedarte con las dos, simplemente porque las elecciones no son precisamente lo tuyo.
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