jueves, 22 de diciembre de 2011

Cuando lo que necesitas es estar sola

Me encanta la sensación que me hace sentir el frio viento del invierno golpeando mi cara cuando camino sola por la noche durante media hora sin parar por una línea recta cuyas pocas farolas se hayan fundidas quien sabe porqué. Simplemente no me paro a pensar en ello, me pongo los cascos, abro el menú del móvil, busco multimedia y a continuación le doy a reproducción aleatoria de canciones y me sumerjo en las letras sin miedo a andar sola sin ningún tipo de iluminación, sin pensar que ando por una larga carretera que a ambos lados tiene campo, un campo que parece ser interminable, sin importarme lo más mínimo que pueda aparecer alguien con la intención cogerme en silencio y llevarme a quien sabe dónde.

Son ganas de estar sola, ganas de que la única canción que consigue sacarme una sonrisa no acabe nunca, lo curioso es que esa canción es en inglés y yo ni siquiera me he molestado en buscar la letra y quizá si lo hago no me aporte nada, pero es el ritmo el que incita a seguir adelante, el que me motiva y me hace sonreír a pesar de todo lo que ocupa mi cabeza. Son ganas de que ese oscuro camino no termine nunca, de no llegar a mi casa, de no tener más remedio que llegar, ponerle la correa al perro y volver a salir para elegir un nuevo camino oscuro tal vez aún más peligroso que el anterior, solo que ahora tengo compañía y quizá se trate de la mejor compañía que pudiera tener porque me escucha y no me juzga, nunca hablará de mi a la espalda y su silencio me reconforta.

Saber que tu corazón tiene gripe, sentir que estás mal pero no querer reconocerlo, obligarte a ti misma a pensar “tampoco es para tanto” pero en el fondo saber que no es exactamente así, pesarte cada mañana al levantarte y ver que cada vez eres menos pero te miras al espejo y no ves cambio alguno, te desconciertas. Vuelves a tu rutina, ahora un poco cambiada, y descubres que no te gusta, que has estado perdiendo tiempo con personas que creías que eran buenas y ahora ya no lo son tanto, pero ¿qué hacer?, ¿cómo cambiar el pasado?, ¿Cómo arreglar lo que algún día rompiste? Pero luego recapacitas y piensas que has cambiado, que llevas muchísimo tiempo cambiada y que una vez leíste en algún sitio que las personas cambian por dos razones: han aprendido demasiado o han sufrido lo suficiente y no sabes por que razón decidirte, no sabes cuál es la tuya y después de pensar largo y tendido decides quedarte con las dos, simplemente porque las elecciones no son precisamente lo tuyo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Cuando no comprendes nada...

Y cuando te das cuenta es tarde, sientes que todo lo que has estado construyendo hasta ahora se derrumba, no sabes si poco a poco o de golpe, solo tienes claro que se va, se pierde y se lleva consigo de la mano eso que tanto necesitas, tu felicidad y te deja en la puerta una nota en la que pone: “no te preocupes, me llevo tu felicidad pero te traigo una nueva amiga con la que compartir tus penas, un hombro en el que llorar” entonces comprendes que el nombre de tu nueva amiga es soledad y te entran ganas de gritarle, la odias, quieres que se vaya y que vuelva aquella a la que se han llevado pero en el fondo sabes que no es tan fácil. 

Siempre pensaste que tu vida y tu rutina seguirían como acostumbrabas durante más tiempo pero cuando de repente irrumpe en tu vida otra persona que con tan solo unas semanas de experiencia te arrebata lo que era tan importante para ti sientes rabia e impotencia, piensas en acabar de forma rápida con tu sufrimiento pero ¿y después qué?, ¿y si un acto tan cobarde no te alivia? Entonces decides rodearte de personas que te quieran, de personas para las que seas importante pero te preguntas ¿realmente existen esas personas? Te das cuenta entonces de que estas sola, la única acompañante ahora es soledad, si la acoges con cariño quizá se quede para siempre, si la rechazas tal vez nunca se quiera ir…

Una vez me dijeron que las mujeres éramos como los chicles, cuanto más nos pisan más nos pegamos, en mi caso quizá sea verdad y cuando te das cuenta piensas “joder, ¿que he estado haciendo?, ¿por qué no me hago valer?”, pero en tu interior no podías, estabas ciega y tal vez aun lo sigas y no tienes idea de cuánto tiempo va a durar.