domingo, 12 de mayo de 2013

Hacía mucho tiempo

Hacía mucho tiempo. Hacía mucho tiempo que calculaba absolutamente todos mis movimientos, los medía con lupa, los pensaba y repensaba. Hacía mucho tiempo tenía miedo a equivocarme, a cometer un error, a un millón de dedos que me señalasen. Hacía mucho tiempo que iba con cuidado, lenta y sigilosa, poco a poco, paso a paso.

¿Y ahora? Ahora que se yo. Me has demostrado que soy valiente, que crees en mí, que de los errores se aprende, que hay que ser feliz, ahora me muevo por impulsos,ahora he comenzado a vivir.




sábado, 15 de diciembre de 2012

Una vez...


Una vez me contaron que para tomarse la vida en serio había que sufrir. No les creí y aquí estoy ahora, escribiendo unas líneas para decir que era cierto.

Un día cualquiera me hallaba dando mi característico paseo por la calle. A la vez que observaba a la gente, escuchaba música a todo volumen por mis cascos. Gente de diversa índole pasaba junto a mí sin inmutarse siquiera de mi presencia, y mucho menos de que yo los observaba. Algunos reían y otros tenían la expresión seria, me di cuenta entonces de la tendencia que tenemos a crear prejuicios sobre lo que otros piensan y sienten. Podría haber deducido que la sonrisa de aquella mujer era de felicidad, pero existen muchos tipos de sonrisas, las que son fruto de los nervios, las de tristeza…

Comencé entonces a imaginar que el suelo por donde pisaba eran grandes piezas de puzle, que a mi alrededor tan sólo había niebla y a mi espalda una gigantesca pieza de puzle que yo tenía que encajar si pretendía continuar avanzando. Se trataba de un juego difícil, tenía que pensar bien donde colocaría las piezas y de qué forma para evitar que me dirigieran hacia un destino distinto al mío. Sentí entonces que estaba cerca de mi infancia, cuando jugaba a imaginar que estaba en sitios donde no estaba y a veces cuando intento volver a aquellos juegos que tanto me gustaban me decepciona que ya no me diviertan.

Numerosas han sido las veces que me han dicho que soy diferente, pero se que realmente no lo soy tanto como me gustaría ser. Muchos pensarán que felicidad es actuar como todos esperan que actúes, recibir halagos, no cometer ningún error… Hasta yo misma puedo pensar que felicidad es eso, pero ¿qué tiene de interesante la vida si todos somos perfectos? No me gusta equivocarme pero cuando lo hago intento se mejor, no me gusta ser torpe pero si lo soy intento aprender. Estamos hechos para chocarnos  con una pared hasta destruirla y una vez rota pasar sus escombros y seguir avanzando. Cada persona elige su camino en función de sus actos sin tan siquiera ser consciente de ello, ni yo misma, que estoy escribiendo esto, sé a ciencia cierta quién soy y por qué lo estoy haciendo. Tan solo sé que algún día, todo lo que he vivido y todo lo que viví ayer tendrá sentido y utilizaré ese sentido para aconsejar a los que aún no se encontraron a sí mismos.

Una vez me dijeron que debía ser fuerte. Fuerte para lo que nos acontecería, fuerte para afrontar las cosas, fuerte para encontrar soluciones. Lo raro e incomprensible es que se suele ser débil y se suele encontrar soluciones a los problemas ajenos en vez de a los propios. Solemos implicarnos más en la vida de los otros intentando cambiarla y mejorarla mientras vemos a través de una pantalla como se destruye la nuestra. A veces me pregunto cómo hemos llegado a convertirnos en lo que ahora somos.

Una vez pensé que la vida es como un reloj de arena en la que lentamente, grano a grano se nos acaba el tiempo. Y nosotros, en vez de disfrutar nos dedicamos a intentar salvar, sin éxito alguno, pequeños puñados de arena que inevitablemente terminarán por desaparecer algún día junto a los otros y junto a nosotros.

Y después de éste mejunje, y después de éste sin sentido, ya no me queda nada más que decir.

jueves, 31 de mayo de 2012

Imagina...


Imagina que un día abres los ojos y no puedes respirar, imagina que te das cuenta que estas sumergida bajo el agua y no tocas fondo, pero tampoco llegas a la superficie. Eso significaría que tus pulmones están llenos de agua, ¿Qué has hecho? ¿Por qué respiraste mientras te hundías? ¡No eres un pez! ¡Y tu eso lo sabes! Y mira de lo que te ha servido, estás ahí , en medio de la nada y todo está oscuro y así pasan días y días y no te mueves porque ¿para qué? ¿de qué serviría hacerlo? Nada va a cambiar y por eso no te molestas en buscar una salida, pero es entonces cuando de repente, después de mucho tiempo, parece que un rayo de luz se filtra entre las oscuras aguas que te rodean y aunque es débil decides acercarte un poco para asegurarte de que no es fruto de tu imaginación. Mueves brazos y piernas y nadas, nadas hacia la luz pero te cansas y el camino se te hace interminable, entonces decides esperar al día siguiente para nadar un poco más y con el paso de los días vas avanzando hacia la luz cada vez más hasta que llega el momento en el que sin darte cuenta sacas la cabeza del agua y respiras de nuevo.

Buscas entonces algo de tierra en la que poder descansar, piensas que tu viaje ha finalizado, pero en el fondo sabes que no es así,  por eso sigues nadando sin rumbo hacia algún lugar buscando tierra y confiando en tu suerte. Y pasan los días y las semanas y vas perdiendo la esperanza, piensas que tu vida consiste en nadar y nadar pensando que algún día encontraras una pequeña franja de tierra hasta que sin más, te encuentras con ella.

Nadas hacia la pequeña isla y te adentras entre los árboles, caminas sin rumbo, te parece que el bosque es exactamente igual por todos lados y de repente te topas con un muro, un muro liso e impecable en el que la palabra dieta es impensable, supones que por algún sitio debe haber una forma de cruzarlo y buscas y buscas hasta que encuentras una puerta encajada que se abre y se cierra con el viento y te quedas ahí mirándola fijamente y pensando que habrá detrás de ella, aunque en el fondo lo sabes, piensas en qué pasará si decides cruzar al otro lado y entonces decides hacer un refugio con ramas y hojas cerca de la puerta, sabiendo que tras ella hay cosas que conoces ya pero que si cruzas te arriesgaras también a encontrarte cosas que han cambiado y de repente sientes miedo, miedo porque no sabes que hacer, la puerta sigue abriéndose y cerrándose y el ruido no te deja dormir, no quieres abrirla por miedo pero tampoco cerrarla y quedarte al otro lado para siempre porque sola nada ni nadie te hace daño. Entonces un día de repente la puerta se abre un poco y te asomas y miras con añoranza aquello que conocías, el acantilado por el que un día te caíste, ves también las flores que solías recoger e intentas empujar la puerta pero ésta no cede, lo haces con todas tus fuerzas, tienes claro que quieres volver a lo conocido, lo añoras, lo necesitas, quieres estabilidad, olvida los altibajos, empezar de cero, pero la puerta te deja pasar, y tal y como se abrió de repente sin más, con el ruido de un portazo sordo se cierra. Gritas, lloras, te lamentas, te sientes utilizada y sales corriendo, corriendo hacia quién sabe dónde, sólo sabes que debe ser lejos, muy lejos y conforme pasa el tiempo piensas que quizá fue bueno que la puerta se cerrara porque ¿quién dice que no te acercarías al acantilado y volverías a caer?


martes, 17 de abril de 2012

El rio

La vida es como un rio, un rio que te lleva según le convenga a la corriente, en el que nunca puedes parar de avanzar y no puedes volver atrás por mucho que nades a contracorriente.

La vida es como un rio, un rio repleto de caimanes que esperan ansiosos a que cometas un error durante el trayecto hasta el mar, tu destino, tu muerte, para abalanzarse sobre ti y devorarte lentamente haciéndote sufrir sin ningún tipo de piedad.

La vida es como un rio, un rio en el que a veces te encuentras varias bifurcaciones y aunque te apetezca pararte a pensar en coger la de la derecha o la de la izquierda, debes actuar porque el rio sigue.

La vida es como un rio, un rio en el que nunca puedes dejar de avanzar, porque si todos pudiéramos parar el tiempo y permitirnos un momento de relax jamás llegaríamos a perecer.

La vida es como un rio, un rio que te arrastra y te lleva, un rio del que no puedes escapar, un rio donde no hay orilla, pero tan solo es eso, un rio.

jueves, 12 de abril de 2012

Mi mundo...

¿Qué hacer cuando tu mundo se derrumba poco a poco, pedazo a pedazo encima tuya? La culpa es mía, es mía por pensar de alguna manera que podría llegar a encajar en un mundo que está claro que no es el mío, en cierto modo mis musas me juegan una mala pasada ya que solo me hacen compañía cuando la soledad se cuela en mi interior, cuando decido rendirme y mi corazón empieza a tejer su bandera blanca para alzarla con fuerza acompañándola de las palabras “hasta aquí hemos llegado”.

Es ironía  que durante todo el año me salga humo del cerebro intentando escribir una sola frase y que tan sólo lo consiga cuando siento que todo por lo que he trabajado se me echa encima, solo cuando las lagrimas asoman en mis ojos intentando desesperadamente salir de su cárcel, ser libres y correr, correr por su camino hacia la libertad humedeciendo mis mejillas y creando un sentimiento de angustia en mi interior. Pero ¿existe alguna solución? No sé cuál es mi mejor opción, el silencio o las palabras son demasiado distintos como para decidirse por uno de ellos con los ojos cerrados, necesito desesperadamente desatar los nudos de las vendas que cubren mis ojos y aunque no son pocas cuando cae una siento que veo mejor que antes.

Es extraño cuando te sientes parte de un mundo el que las personas se clasifican en “normales” o “raritas” y te das cuenta de que te sientes normal y sonríes porque nadie va a etiquetarte por ser como los otros siempre y cuando midas tus palabras y no digas nada que pueda alertar a los que te rodean de que te desvías del camino “correcto” es entonces cuando empiezas a sentir que pierdes el sentido auditivo, porque ya no hablan contigo, sino de ti y es ahí cuando te das cuenta de que tu propio mundo normal que habías fabricado y en el que te podías refugiar se ha convertido en rarito para los ojos de los demás y ya no es tu mundo, pasa a ser el mundo de todos, una comidilla de la que hablar durante días, semanas e incluso meses hasta que llegue otra víctima que lo haga igual o peor que tu.

Está claro que si en algún momento nos sentimos felices solo existen dos opciones, o te estás auto engañando o simplemente tu felicidad es el comienzo de tu desdicha.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Cuando lo que necesitas es estar sola

Me encanta la sensación que me hace sentir el frio viento del invierno golpeando mi cara cuando camino sola por la noche durante media hora sin parar por una línea recta cuyas pocas farolas se hayan fundidas quien sabe porqué. Simplemente no me paro a pensar en ello, me pongo los cascos, abro el menú del móvil, busco multimedia y a continuación le doy a reproducción aleatoria de canciones y me sumerjo en las letras sin miedo a andar sola sin ningún tipo de iluminación, sin pensar que ando por una larga carretera que a ambos lados tiene campo, un campo que parece ser interminable, sin importarme lo más mínimo que pueda aparecer alguien con la intención cogerme en silencio y llevarme a quien sabe dónde.

Son ganas de estar sola, ganas de que la única canción que consigue sacarme una sonrisa no acabe nunca, lo curioso es que esa canción es en inglés y yo ni siquiera me he molestado en buscar la letra y quizá si lo hago no me aporte nada, pero es el ritmo el que incita a seguir adelante, el que me motiva y me hace sonreír a pesar de todo lo que ocupa mi cabeza. Son ganas de que ese oscuro camino no termine nunca, de no llegar a mi casa, de no tener más remedio que llegar, ponerle la correa al perro y volver a salir para elegir un nuevo camino oscuro tal vez aún más peligroso que el anterior, solo que ahora tengo compañía y quizá se trate de la mejor compañía que pudiera tener porque me escucha y no me juzga, nunca hablará de mi a la espalda y su silencio me reconforta.

Saber que tu corazón tiene gripe, sentir que estás mal pero no querer reconocerlo, obligarte a ti misma a pensar “tampoco es para tanto” pero en el fondo saber que no es exactamente así, pesarte cada mañana al levantarte y ver que cada vez eres menos pero te miras al espejo y no ves cambio alguno, te desconciertas. Vuelves a tu rutina, ahora un poco cambiada, y descubres que no te gusta, que has estado perdiendo tiempo con personas que creías que eran buenas y ahora ya no lo son tanto, pero ¿qué hacer?, ¿cómo cambiar el pasado?, ¿Cómo arreglar lo que algún día rompiste? Pero luego recapacitas y piensas que has cambiado, que llevas muchísimo tiempo cambiada y que una vez leíste en algún sitio que las personas cambian por dos razones: han aprendido demasiado o han sufrido lo suficiente y no sabes por que razón decidirte, no sabes cuál es la tuya y después de pensar largo y tendido decides quedarte con las dos, simplemente porque las elecciones no son precisamente lo tuyo.